La niña, las cabras y el padre…

Era una mañana tranquila en una pequeña población, el sacerdote estaba frente a la iglesia cuando vio pasar una niña de unos nueve o diez años, de pies descalzos, fruncida, desnutrida, ar angelical, conduciendo un rebaño de siete cabras.
Era con esfuerzo que la niña conseguía reunir a las cabras y hacerlas caminar hacia donde tenía que ir.
El padre observaba la escena y comenzó a imaginar si aquello no era un caso de explotación de trabajo infantil. El fue a hablar con la niña para saber más sobre la situación:
-¡Hola, mi joven! ¿Como es tu nombre?
– Soy Rosita, señor cura.
– ¿Qué estás haciendo con esas cabras, Rosita?
– Yo estoy llevando estas cabras a la casa del señor Carlos porque nosotros no tenemos chivo y es para que el chivo las cubra, señor sacerdote.
– ¿Ah sí? Entonces me dices una cosa, Rosita, tu padre ó tus hermanos no podían hacer eso?
– Ellos ya lo intentaron… Pero no ha resultado… ¡Tiene que ser un chivo mismo para que se queden preñadas…!

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